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Velas en la oscuridad

Todos aquí iremos desapareciendo si nadie nos busca,
si nadie nos nombra.
Sara Uribe

¿Y así y así son las fosas comunes? ¿Uno encima de otro y nada más?

Podría parecer que uno de los pretextos para hablar de Llueve, el último cortometraje de la directora Carolina Corral y Magali Rocha, es su reciente nominación al Ariel, y  la respuesta es sí, pero también por lo distintivo y único que es respecto de otros filmes con la misma temática. Como Sin señas particulares o La civil comparte la amargura que implica el duelo suspendido y el abandono institucional, así como un personaje femenino en el que se centra la historia. Solo que a diferencia de ambas y otras películas que tratan sobre la violencia e indiferencia institucional actual de México, Llueve se construye sobre una poética fascinante que no deja de lado lo atroz, lo terrible, lo triste de lo que se cuenta y aun así muestra un lado esperanzador.

Podría sonar extraña la palabra “esperanzador” en un cortometraje documental animado en blanco y negro con fragmentos grabados que habla sobre la historia que María vivió tras la desaparición de su hijo Oliver, quien se comunica con ella a través de la lluvia para desenterrar la verdad. Y aunque pareciera irracional tal palabra, la presencia del blanco cuando el negro es casi oro negro, tiene gran relevancia. No es de extrañar si se consideran los cortometrajes anteriores de Carolina Corral donde la búsqueda de la justicia, la acción ciudadana y el interés por dar voz a ciertas personas, a manera de homenaje, y de una forma muy humana, tiene gran relevancia.

Llueve comienza con gotas blancas que caen en un abismo y se tornan ondas. María ve tras la ventana en un cuarto consumido por una oscuridad sin límite aparente, acompañada del sonido de truenos y de grillos, y es ahí cuando María empieza a narrar su historia con voz en off. El hecho de que llueva no es circunstancial, como tampoco lo es el título. La lluvia es un elemento de gran importancia que está presente en gran parte de la historia como elemento narrativo y metafórico, ya que posibilita la ambivalencia del significado que puede tener la lluvia de manera retórica. Así como puede causar inundaciones, deslaves o ahogar la cosecha, también puede regular la temperatura, revitalizar la vegetación o aportar a la cosecha. Es este tipo de asociación de ideas que se pueden generar lo que hace tan fundamental que la lluvia esté tan presente y es gracias al uso del blanco y negro que se consigue cierta duplicidad con el cambio de ciertas imágenes que se repiten al inicio y al final, así como el diálogo que se dice en ellos.

Así como el inicio, el cortometraje está poblado de imágenes que justifican la decisión del blanco y negro con trazos mínimos, por cómo destacan lo relevante y simbólico, la sinergia entre diseño sonoro, imagen, y diálogos le da a la animación esa posibilidad de decir más de lo que dice la narración, gracias también a la plasticidad que ésta permite. Es así como esa oficina lúgubre, llena de archivos que se amontonan hasta desbordarse y con una luz de interrogatorio, donde solo se ve la boca del fiscal hablar y echarle el humo de su cigarro a María que es envuelta por él, nos cuenta, a la vez que se escucha la voz en off, sobre la indiferencia y frialdad institucional a la que se enfrenta, ya que en ese momento María cuenta que a Oliver lo habían inhumado en una fosa común sin que le dijeran hasta ese momento, todo esto es acompañado por un silencio casi absoluto con excepción de momentos donde se escuchan sonidos muy específicos que funcionan para destacar las emociones de María o aumentar la tensión y mostrado de la manera en que la animación puede dramatizar, volver onírico o poético algo. Más evidente es esto cuando María dice «Ni un día más, ni un día más mi hijo allá».  Y sus botas y toda ella conforme la cámara se aleja la revelan de un tamaño desproporcionado, incluso más grande que la SEMEFO, de la cual con una patada al suelo derrumba sus rejas y púas de alambre que la rodeaban.

Es este último fragmento de esa escena donde la historia cambia de rumbo, y dónde está uno de los temas vitales de LLueve y una de las razones por las que narrar esta historia verdadera desde la poética tiene sentido. Ser un homenaje para quienes viven estas situaciones, se enfrentan y toman acción. LLueve les da voz, visibiliza la situación pero, más importante aun, visibiliza a las personas y nos recuerda que en la noche más oscura siempre existe la posibilidad de prender una vela.