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Alcalde: la promesa de hacer el centro el corazón de la ciudad

En esta ciudad hay otra ciudad, cerca, más cerca de lo que se piensa
Rocío Cerón

Recuerdos de smog que se desvanecen, el crujir de los cláxones y las balas vehiculares como una gran ola de acero que se acerca para engullirte. Y de repente los taladros, el refrescante aroma a mezcla y los vehículos amontonados de manera perpendicular a la avenida. Una promesa. Devolverle al peatón el espacio público, volver al centro el corazón de Guadalajara.

Hoy, hace poquito más de tres años que el Paseo Alcalde se inauguró. Lo que inició con el cierre vehicular de la avenida por las obras de la línea 3 del tren ligero se convirtió en una propuesta de peatonalización que buscaba reducir la contaminación ambiental, auditiva y visual, y hacer de todo el Paseo Alcalde un lugar donde la vegetación, la arquitectura, la cultura y sobre todo las personas primaran como una gran explosión que le devolviera la vida al centro e hiciera de éste el corazón de la ciudad. Esto daría como resultado un gran impacto ambiental, económico y social.

A primera vista, si uno recorre el paseo de punta a punta y se deja envolver como sonámbulo entre tabachines, susurros de agua, el aleteo de las bicicletas que pasan y el caer de la luz sobre la floritura arquitectónica, pareciera que sí, que en efecto sí se lograron los objetivos. Pero alto, vamos más quedito. ¿Le valió la falta de información y transparencia? Con su escasa difusión e imágenes, aunado a los cambios de uso de suelo en los planes parciales, el Paseo Alcalde alimentó en sus comienzos los malabares de la especulación (“gentrificación”, “limpieza social”, “despojo”). ¿Qué tanto diálogo hubo con sus habitantes y locatarios? ¿Le valió los 216 negocios que tuvieron que cerrar, la pérdida de 2,700 empleos que registró en 2019 la Cámara de Comercio? Puede ser, puede no serlo, como también quizá pudo manejarse mejor. Lo que está claro al día de hoy es que el Paseo establece una nueva dialéctica con el patrimonio histórico, una que lo resalta y respeta, que permite su disfrute a cualquiera que quiera transitarlo o permanecer en él para platicar con el novio o la novia, el amigo o la amiga con total tranquilidad bajo las copas de los árboles sin tener que preocuparse de lo que solía ser un mar de automóviles en constante explosión y ahora es un fluir de pies, pedales y de vez en cuando alguna ráfaga motorizada. Y sí, como se plantea al inicio esto se ha logrado. Pero…¿Qué pasa con el disfrute de los niños, bastan unas fuentes? ¿Hay vida más allá del Santuario hacia la Normal? ¿Permite el mobiliario y el diseño diferentes usos y actividades sociales correspondientes a la heterogeneidad social? Y la respuesta es un rotundo NO… al menos no hasta el momento. El mobiliario y diseño existentes -homogéneos y repetitivos- poco posibilitan más allá de caminar de un punto a otro, la charla, el juego en las fuentes y, si acaso y muy apenas, ingerir alimentos en las bancas con mesas de dimensiones reducidas y que solo se encuentran en un pequeño tramo. Un tramo aún más reducido en el espacio en el que se concentra el mayor número de personas, la gran explosión de vida y actividades, de la cual el resto del paseo casi pareciera alérgico pues más allá de Santuario solo se ve pasar  gente como si fueran fantasmas temporales que rara vez permanecen. Como respuesta a la falta de elementos que evoquen actividades distintas, el municipio ha promovido eventos culturales y recreativos. ¿Pero no debería el espacio público ser una plataforma elástica cual plastilina, donde el ciudadano fuera quien lo moldeara a su antojo sin la necesidad de la intervención del municipio?

Es necesario decir que no está de más la intervención del municipio y que lo logrado hasta el momento da nuevos aires y esperanza de maneras distintas de vivir la ciudad. No obstante, es preferible buscar las soluciones necesarias para hacer del espacio un lugar más flexible, descentralizado y heterogéneo. Aprovechar que el espacio público permite el constante cambio, retroalimentación y diálogo, y más aún considerar todo esto para la expansión del Paseo Alcalde. Pero sobre todo considerar esto mismo para toda la Zona Metropolitana de Guadalajara, porque a estas alturas, con el crecimiento que ha tenido en estos últimos años, la pregunta fundamental es. ¿Debería existir un sólo corazón de la ciudad o varios?.